|
 |
|
HERMANAMIENTO LEÓN NICARAGUA - ZARAGOZA |
“El huracán se
llevó la armonía entre la persona, su familia y la
comunidad"
Alta Hooker, rectora de la Universidad de las Regiones
Autónomas de la Costa Caribe de Nicaragua (URACCAN),
compartió sus reflexiones sobre el pasado, el presente y el
futuro del Caribe Norte de Nicaragua, hoy devastado por el
huracán Félix, en una charla con Envío que transcribimos.
Alta Hooker
Vivo en Bilwi y cuando comenzaron a hablar
de que avanzaba por el Caribe un huracán peligroso, lo
primero en lo que pensé fue en el curso latinoamericano de
maestría en Salud Intercultural que teníamos en la
Universidad . Había 23 latinoamericanos de 12 países en
Bilwi. Además, teníamos 100 estudiantes en la escuela de
liderazgo, muchachos y muchachas de quince-diecisiete años.
Me preocupé porque todos ellos y toda la gente que estaba
viviendo en los hoteles de Bilwi estuviera segura y aseguré
también las computadoras de la Universidad. Y después me fui
tranquila a mi casa. Mi casa es de cemento con un techo de
zinc recién puesto. No habría problema. No puse ni un
plástico sobre nada de lo que tenía en mi casa... No tenía
por qué preocuparme. Además, siempre decían que tal o cual
huracán iba a entrar por Bilwi, pero eso nunca pasaba. Pero
esta vez sí pasó…. Parte del techo de mi casa voló por los
aires y eso también ocurrió en la universidad, en los
hoteles, por todos lados.
Nadie estaba preparado para esta tragedia. También influyó
la falta de luz. El huracán ganó fuerza en muy pocas horas,
bajó en su ruta prevista y nadie tuvo información de esos
cambios. En Bilwi hay un problema crónico de falta de luz.
En mi barrio nunca hay luz. ¿Cómo estar pendiente de lo que
iba a pasar? Todo sucedió muy rápido. El coordinador de la
sociedad civil de Bilwi estaba esa noche en la casa de
gobierno, en donde se estableció el centro de la emergencia,
y a las 4 de la mañana salió a buscar unos formatos en los
que introducir la información. El huracán entró a tanta
velocidad y con tanta fuerza que por poco no regresa, casi
le caen varios árboles encima y lo matan... Todos fuimos
sorprendidos y hoy todos estamos asustados por lo que nos ha
pasado.
Ya antes del huracán, históricamente, la Región Autónoma del
Atlántico Norte, que equivale en extensión a una cuarta
parte del territorio nacional, era altamente vulnerable. Y
así nos encontró Félix, que vino a demostrar, con mayor
crudeza, nuestra vulnerabilidad.
Los daños ocasionados por el huracán son incontables,
invaluables. La información del desastre nunca será exacta.
A finales de septiembre aún no estaban cuantificadas las
pérdidas ni aproximadamente. No teníamos cifras definitivas
ni de los muertos ni de las pérdidas materiales. Los vientos
acabaron con iglesias, con escuelas, con viviendas, con los
árboles. El huracán destruyó el bosque, los manglares, los
arrecifes, mató los pescados, las langostas...Y algo más
grave: sacudió la estructura del liderazgo comunitario,
destruyendo el territorio, que es donde los espíritus
mantienen el equilibrio de la vida y donde fluyen los
pensamientos de los ancestros…
La producción está severamente afectada. Cuando llegamos,
por ejemplo, a Tuapí, la destrucción que vimos era
increíble. Allí las mujeres vivían de la venta de las frutas
de sus árboles, de la venta de la pesca y los mariscos que
recogían en los Cayos Mískitos. “Hoy yo no sé de qué vamos a
vivir -nos dijo una mujer-, todos nuestros árboles frutales
están en el suelo -después de cuatro días no los habían
tocado- y muchos pescados han muerto envenenados. Tampoco
vamos a poder producir en esta tierra, porque también la
tierra está envenenada”.
¿De dónde ese veneno? Es que los manglares fueron destruidos
y arrojados al mar. Y como en los manglares siempre hay
químicos naturales, al cabo de varios días esas sustancias
envenenaron el hábitat de muchos peces. También el lodo de
los ríos quedó envenenado. El huracán trajo también mucha
sal a la tierra y eso envenenó la tierra, la hace
improductiva. Todo lo que se haga para des-envenenar el
agua, para drenar la tierra salada, debe hacerse con el
liderazgo de la comunidad. La gente tiene que participar en
el proceso de des-envenenamiento del agua y de la tierra.
En los Cayos Mískitos el desastre es tremendo. Los arrecifes
en donde viven y comen los pescados más chiquitos, los que
después se comen los pescados más grandes, están totalmente
destruidos. El hábitat de los pescados y de las langostas
quedó arrasado. El hábitat de pájaros y animales también.
Los animales están, como nosotros, desconcertados. Hay,
además, un grave problema con tanta cantidad de árboles
caídos. Esa madera y esas hojas se van a secar y pueden
comenzar las quemas y entonces será un desastre. En esta
situación tan precaria, tendrá que llegar a las comunidades
todo tipo de alimentos, porque ni la tierra ni el agua
podrán darnos de comer durante mucho tiempo.
Es notable el dolor por los árboles caídos. Uno de los
dolores mayores en este momento, para las personas más
viejas, es haber perdido sus árboles frutales. Se les cayó
la casa, pero lo que más les duele en el fondo del alma es
que se les cayeron sus árboles…”Mire este árbol, lo sembró
mi abuela… ¿Se acuerda de mi abuela?” Y con el árbol caído
va toda la historia de la abuela que sembró aquel árbol.
Como si los ya muertos volvieran a morir. El dolor por los
árboles es también el luto por quienes ya no están en la
comunidad…
Antes del huracán siempre hemos planteado, desde los pueblos
costeños, que el desarrollo se vea, se diseñe y se enfoque
desde la cultura. Desde la salud. ¿Y qué es salud? Salud es
bienestar. Y si salud es bienestar, salud es vivienda, es
producción, es aprendizaje, es intercambio, es la
convivencia con la biodiversidad. Ahora debemos hacer
realidad esta visión. El desarrollo, el bienestar de la
Costa Caribe debe ser concertado con los pueblos costeños.
Eso es lo que está contemplado y establecido en la Ley de
Autonomía.
Los pueblos indígenas no hablan de la biodiversidad. Hablan
desde la biodiversidad. El pueblo sumu-mayangna que vive en
Bosawás tiene sus propias normas y regulaciones para
mantener el bosque, los árboles, los pájaros, los
animales…Tienen normas como ésta: si alguien caza demasiados
animales se enferma porque rompe el equilibrio de los
espíritus que controlan el agua, los mares, el bosque, el
aire, la siembra. Para los pueblos indígenas, la
biodiversidad es la articulación de todos los espíritus de
la vida, que la reproducen y la conservan para que la
comunidad de hombres, mujeres, niños y niñas puedan vivir de
la vida sin destruirla.
Si ésa es nuestra cosmovisión, el huracán Félix destruyó
mucho más de lo que vemos en las fotografías. Destruyó las
comunidades, que son los espacios en donde conviven todas
las formas de la vida El huracán destruyó el espacio en
donde vamos a la escuela de la vida, que es la comunidad, en
donde intercambiamos con los ancianos, en un intercambio que
es oral, no escrito. El huracán destruyó iglesias, que son
los espacios donde líderes indígenas y comunitarios se ponen
de acuerdo. Destruyó escuelas, que son los espacios en donde
intercambiamos el conocimiento. Destruyó los ríos, que son
los espacios que nos dan alimento y bienestar. Todos esos
espacios, controlados por los líderes de la comunidad -el
wihta, el juez, la partera, el sukia, que son quienes
dirigen los territorios- han sido destruidos. El huracán
destruyó el equilibrio y la armonía que había entre
la persona, su familia y la comunidad. El gran reto que hoy
tenemos para la reconstrucción es restaurar ese equilibrio,
esa armonía.
Al destruirse ese equilibrio, existe hoy entre nosotros la
sensación de que las normas de la comunidad para el manejo
de la biodiversidad no se condujeron bien y entonces los
espíritus se enojaron y reaccionaron con tanta destrucción.
Hay que volver a conseguir el equilibrio, hay que volver a
buscar esa armonía. Y tenemos este reto en un momento en el
que todos estamos de luto. Todos estamos llorando, todos
estamos tristes. Muy tristes porque hay gente a la que
todavía no hemos podido encontrar. Cuando vamos a las
comunidades y hablamos con el liderazgo, todos dicen: “Ya
sabemos cuántos muertos tenemos, pero no sabemos aún dónde
están seis, no hemos podido encontrar a seis…” Y los siguen
buscando. Y así por todas partes. Es una situación nueva, a
la que el liderazgo comunitario no está acostumbrado.
Reconstruir el equilibrio y la armonía no es fácil. Hay que
partir de valores, de cómo reproducimos nuestra visión del
mundo. Por eso, desde hace tiempo en las universidades de la
Costa hemos venido preparando a nuestros propios profesores
en educación intercultural bilingüe. Las poblaciones negras
y las poblaciones indígenas tenemos que sentirnos orgullosas
de lo que somos. Somos diferentes, hablamos diferente, nos
organizamos diferente y tenemos que sentirnos orgullosos de
esas diferencias. Pero para sentirnos orgullosos debemos
partir de lo que aprendemos. Ahora, en esta emergencia, es
el momento de aplicar todo lo aprendido.
¿Quiénes nos ayudarán a buscar el equilibrio perdido? En
primer lugar, los médicos tradicionales. ¿Quiénes son los
que han logrado devolver la armonía a la comunidad en el
caso de la enfermedad del Grisis Signi, que es una
enfermedad espiritual? No han sido los sicólogos, han sido
los médicos tradicionales -el sukia, el curandero, el spirit
man, el buyei- porque son los que saben trabajar con los
espíritus. Con cierta frecuencia, los medios nacionales han
informado sobre el Grisis Signi, una enfermedad que aparece
en las comunidades del Río Coco. Para la medicina occidental
se trata de una histeria colectiva. Pero para los médicos
tradicionales del Caribe es una dolencia que afecta a las
personas cuando pierden el equilibrio con su medio ambiente.
El Ministerio de Salud de Managua nos ha mandado sus médicos
a la comunidad en donde aparece esta enfermedad, pero no
pueden curarla ni resolver el problema que la causa. Los
médicos tradicionales son los únicos que saben qué hacer
ante esta enfermedad. Ellos son los que en este momento
están llamados a sanarnos, a buscar el equilibrio necesario
para devolvernos la armonía entre la persona, la familia y
la comunidad. Pero su desafío es mayor ahora que nunca,
porque ellos mismos también están sufriendo, también ellos
perdieron familiares.
La organización comunitaria ha identificado ya 32
afectaciones posibles en esta etapa de crisis. Una de ellas,
el Isingni, la enfermedad que alguien experimenta cuando un
familiar o una persona cercana muere, pero su espíritu no
halla paz, no encuentra cómo descansar, por haber sufrido
una muerte traumática. Es de esperar que en las comunidades
se presenten muchos casos de Isingni, también del Grisis
Signi y otras dolencias parecidas -las que tienen que ver
con traumas espirituales- porque la armonía de la vida, la
normalidad de la vida, se destruyó.
Y ojo: la medicina tradicional no es sólo conocer y emplear
las plantas medicinales. Ya hemos aprendido que no basta
estudiar las plantas y sus propiedades medicinales, que no
basta saber para qué sirve tal o cual planta, qué cura tal o
cual planta. La medicina tradicional va mucho más allá que
eso: es la manera cómo se corta el árbol, es la manera como
se prepara el medicamento, es también el ritual con que se
aplica la medicina... Acompañando a los médicos
tradicionales hemos entendido que para que las plantas sanen
deben ir acompañadas de prácticas tradicionales, de
rituales.
Ante la emergencia, hemos comenzado ya a trabajar en
manuales para la sanación espiritual. Mantenemos un
intercambio con los médicos tradicionales para, de manera
conjunta, interpretar esta catástrofe, para que la gente no
la entienda como un castigo por alguna falta, por algún
pecado. Porque hay una sensación de que pasó lo que pasó
porque la gente no cumplía con las normas morales y hay
pastores en las radios acusando a la gente, culpándola,
afirmando que el huracán llegó porque no llevaban una buena
vida.
La iglesia morava juega un papel muy importante en las
comunidades y en toda la región. Fueron los pastores de la
iglesia morava quienes históricamente nos enseñaron las
normas de una buena vida, de una vida moral. Los pastores
siempre forman parte del liderazgo de la comunidad. En
cualquier comunidad, cuando se juntan para intercambiar,
allí está el pastor, que influye mucho en la vida de cada
persona y en la vida de la comunidad. Hay también en la
Costa un Consejo Ecuménico, en el que participa la jerarquía
de las iglesias. Las autoridades regionales y nacionales se
reúnen con el Consejo. A mitad de septiembre hubo un culto
en el parque grande de Bilwi, en el que participaron los
católicos y los moravos. Uno de los desafíos más grandes que
tenemos en este momento es cómo no buscar culpables y como
organizarnos mejor para que lo que nos pasó no nos vuelva a
pasar y para reconstruir juntos.
Desde el primer momento hemos visto una solidaridad y una
hermandad enormes. Nunca habíamos conocido una movilización
a favor de la Costa Caribe tan grande como la que estamos
viendo, desde todos los departamentos de Nicaragua, desde la
sociedad civil, desde las universidades, desde las
organizaciones nacionales e internacionales. Todo el mundo
queriendo ayudar. Sentimos que realmente estamos siendo
acompañados.
Quisiéramos que toda la ayuda fuera concertada con los
costeños y orientada a un desarrollo con identidad. Y eso
significa diálogo, concertación, ponernos de acuerdo y
cumplir cada quien con la parte que le corresponde. Y digo
esto, porque hemos visto llegar algunas brigadas de ayuda a
las comunidades, sin ningún conocimiento de la cosmovisión y
de las maneras de ver el mundo que tienen nuestros pueblos.
Brigadas de sicólogos, brigadas que llegan directamente a
una comunidad y empiezan a decidir. Pero, cuando alguien
viene a visitarnos a nuestra casa, ¿no nos avisa antes?
¿Puedo ir a tu casa, vas a estar allí? ¿Por qué a una
comunidad indígena se llega y se entra sin antes preguntar?
Brigadas que llegan a decirnos qué es lo mejor para
nosotros. Esto es muy traumático. Especialmente ahora,
porque nos encuentran sumamente frágiles. Brigadas que
llegaron diciendo: Venimos a trabajar con los niños.¿Por qué
con los niños? Dijeron que los niños son su prioridad. ¿Y
nadie pensó en trabajar con el liderazgo comunitario, que es
el que está penando y es el que tiene que dirigir el
territorio, especialmente ahora, cuando están tan
desconcertado?
Un desarrollo desde la cultura debe priorizar al liderazgo
comunitario, ayudarlo para que vuelva a ponerse de pie y
comience a tomar las mejores decisiones en la comunidad.
Llegaron otros, también para trabajar con los niños y con
“el carrusel”. Pero, ¿cuándo los niños han visto eso?
Pensamos que si se va a trabajar con los niños de la
comunidad, especialmente en este momento, hay que
mantenerlos cerca de las cosas que conocen, con palabras que
conocen, en su idioma, con su manera de organizarse, con las
maneras de la comunidad en donde han vivido.
No queremos asistencialismo. Queremos que no hagan las cosas
por nosotros, que las hagan con nosotros. Queremos ponernos
de acuerdo y hacerlo juntos, que nos acompañen a facilitar
procesos. Antes del huracán ya estábamos acostumbrados a que
llegara gente a las comunidades diciéndonos: Construyan así
las casas, hagan letrinas, hagan pozos… Cuántas letrinas
había en las comunidades y no se usaban. ¿Pozos? No se usan.
¡Es otra cultura! ¿Por qué trabajar con los niños si los que
están sufriendo más y los que tienen que dirigir son los más
viejos? ¿Por qué no volver a ver a los viejos? ¿Porque ahora
la moda de las agencias es priorizar a los niños?
La Costa Caribe Norte fue uno de los territorios en donde
más sufrimos los efectos de la guerra de los años 80, pero
nunca tuvimos la oportunidad de tener ningún tipo de
tratamiento sicológico que no fueran los del conocimiento
tradicional. Los médicos tradicionales nos han ayudado a
sanar de la guerra. Y también, de una manera o de otra,
hemos venido sanando solos. Porque hemos tenido que trabajar
juntos quienes fuimos enemigos durante la guerra. Yo fui
concejal durante ocho años en el primer Consejo Regional. Y
allí, a las sesiones del Consejo, llegábamos los yátamas y
los sandinistas armados. Nos tomó dos años entender que no
éramos enemigos, que estábamos allí para ver cómo
resolvíamos juntos la situación de nuestra región. Hace poco
hicimos una investigación en el río Coco para ver el estado
mental de la población de niños y jóvenes. Y resultó
sorprendente: esos niños, que no habían nacido cuando había
guerra, dibujan aún tanquetas y armas y soldados. ¡Dibujan
el traslado de sus comunidades a Tasba Pri, y ellos no
habían nacido cuando eso ocurrió! Realmente, nunca nos
recuperamos de una guerra.
Antes del huracán había muchos sueños y muchas aspiraciones
en la Costa Caribe. Sueños de tener una región en donde el
desarrollo se pueda ver desde la identidad. Un desarrollo
donde los pueblos indígenas y los pueblos negros puedan
identificar su manera de ver y entender el desarrollo. Y eso
quiere decir que puedan vivir según planes construidos con
la gente, desde la gente y con nosotros participando en el
desarrollo que nos parece mejor para nosotros. Por eso,
nuestro planteamiento ahora es ver la emergencia provocada
por el huracán como una oportunidad. Nuestro planteamiento
es reconstruir desde un enfoque intercultural. Algo hemos
podido hacer. De la organización Los Pipitos, por ejemplo,
llegaron por tierra con vehículo y con materiales, con
ayuda. Logramos hablar con ellos y hacer un intercambio
sobre la cosmovisión, sobre la espiritualidad de las
comunidades y después conformamos equipos conjuntos, con los
expertos de Los Pipitos, con personal de salud intercultural
y con nuestras enfermeras de salud mental, todos indígenas
de la región, partiendo de la cosmovisión con la que vemos
el mundo. Juntos diseñamos cómo sería nuestra entrada a las
comunidades.
Es necesaria la intervención de brigadas interculturales con
la comunidad y desde la comunidad. Esto nos permitirá
convertir la crisis en una oportunidad y aprovechar la
solidaridad y hermandad que ya se ha dado y que se
continuará dando, para ir más allá, para difundir
conjuntamente cómo queremos llegar al desarrollo manteniendo
cada pueblo su identidad. Mientras las comunidades reciben
alimentos -los alimentos que no podrán producir durante
mucho tiempo- esas brigadas conjuntas deben buscar cómo
des-envenenar la tierra, cómo des-envenenar el agua para que
la gente, y también los animales, puedan pronto, tomar agua
limpia.
El huracán, una de las mayores tragedias que hemos vivido,
llegó a nuestra región cuando tenemos un nuevo gobierno
nacional y cuando en ese nuevo gobierno del Frente
Sandinista participan, por primera vez, muchos compañeros y
compañeras de la Costa Caribe en cargos muy altos: en el
MARENA, en Salud, en Educación, en la Cancillería, en la
Intendencia de la Propiedad... En cargos altos del gobierno
nacional tenemos hoy a siete compañeros y compañeras.
Además, tenemos diputados caribeños en el Parlacen y
diputados nacionales y regionales en la Asamblea Nacional.
En conjunto, tenemos en el Ejecutivo y en el Legislativo
unos 25 compañeros y compañeras. Todos ellos conforman el
Consejo Asesor de la Costa Caribe. De ellos y ellas,
esperamos que asuman una administración nacional más
participativa con la Costa.
Pero la Ley de Autonomía establece claramente quiénes son
las autoridades en la Región: los Consejos Regionales, los
Consejos Municipales y también las autoridades comunitarias.
El gobierno nacional, el gobierno de Managua, siempre ha
tenido una instancia nacional para controlar la Costa
Caribe, para decidir por nosotros…sin nosotros. Yo no
quisiera ver al nuevo Consejo asesor de la Costa Caribe
haciendo esto. Quisiera verlos como lo que son: asesores.
Porque nuestras autoridades son las que hemos elegido, las
que están en el territorio. Y los que están en Managua deben
coordinarse con los que están en el territorio. Ése debe ser
el espíritu. Si los compañeros y compañeras que están en
Managua no logran una buena articulación con las autoridades
regionales, con la sociedad civil costeña, con el liderazgo
comunitario, será mucho el tiempo perdido en medio de esta
emergencia.
Como unas dos semanas antes del huracán llegaron de Managua
con una propuesta de planificación estratégica y comenzaron
a conformar comisiones de trabajo. Mi aspiración es que en
esas comisiones de trabajo podamos despedazar ese plan y
volver a construirlo partiendo de nuestras aspiraciones.
Ahora, en esta emergencia, la coordinación y nuestra
participación en la toma de decisiones, son aún más
urgentes.
Hemos avanzado algo, pero nos falta mucho. Ya tenemos
nuestros propios profesionales, preparados en la región.
Ayer me reuní con el equipo técnico que está apoyando en la
Casa de gobierno: “Miren, hermanos y hermanas, ésta es la
prueba de fuego de URACCAN, ésta es nuestra prueba de fuego,
llevamos trece años preparándonos desde la cosmovisión. Todo
nuestro discurso parte de la cultura, ahora es cuando, ahora
es la hora de ir y poner todo eso en los planes”. Y ya
sabemos que “poner todo eso” en los planes significa pleito.
Pleitos, pleitos. Discutir y discutir hasta lograr
introducir nuestro punto de vista en el plan. Y si lo
introducimos, ¿significa que va a funcionar? No. Significa
que no lo podemos soltar, significa continuar y continuar y
estar ahí, estar en las comunidades, significa luchar.
Estamos acostumbrados históricamente a los pleitos, eso no
nos asusta. En la Costa estamos acostumbrados a pelearnos
entre nosotros, los mískitos, los negros, los sumus-mayangnas,
los mestizos, porque tenemos diferentes maneras de ver las
cosas. Porque ésa fue nuestra historia. ¿Qué es lo que nos
junta? Que alguien del Pacífico nos ataque. Cuando llegó el
diputado liberal Enrique Quiñónez a la Costa y ofendió a
nuestras autoridades regionales, acusándolas de
irregularidades y diciendo que desde Managua harían una
comisión investigadora, eso nos molestó a todos, a todos nos
juntó, y todos estamos enojados con él. Porque ésas son
nuestras autoridades, las pusimos nosotros y merecen
respeto. Con cosas así es cuando nos unimos, cuando nos
juntamos todos.
Yo creo que la Costa Pacífica de Nicaragua necesita un
diálogo franco con nosotros. Tenemos que encontrarnos para
podernos dar la mano con respeto. Pero falta mucho para
lograrlo. Sólo un ejemplo: los abogados preparados en las
universidades del Pacífico no estudian la Ley de Autonomía.
¡Y esa Ley cubre el 52% del territorio nacional! La
Constitución Política de Nicaragua empieza diciendo que
Nicaragua es un país multiétnico, multilingüe y
pluricultural. Si la Constitución dice eso, todo el gobierno
tendría que estar organizado para que eso sea verdad y para
que todos podamos alcanzar. Pero, ¿funciona así? No.
Seguiremos peleando para hacernos visibles.
A como está organizado el gobierno, cuesta que nosotros
podamos hacer un buen control de nuestro liderazgo. En esta
emergencia, las decisiones las está tomando un grupito. Pero
nosotros hemos dicho: Vivimos aquí y nadie nos puede sacar.
Nos metimos como sociedad civil a participar ¿y quién nos va
a sacar?
El partido indígena Yátama está ahora ante un gran desafío,
en un contexto nuevo, por su alianza con el Frente
Sandinista, que ahora es gobierno. La alianza Yátama-Frente
Sandinista es un reto para ambos partidos. Porque en la
Costa no todo el mundo es Yátama ni todo el mundo es
sandinista y hay diferentes ideologías en la población. Por
eso hay que tener un gran cuidado para evitar que politicen
la ayuda. Y un gran cuidado para que los partidos no diluyan
nuestra identidad ni nos aparten de los sueños que tenemos.
Nosotros creemos que toda la ayuda debe coordinarse con las
autoridades regionales. El SINAPRED, que está conformado por
instancias nacionales, ha centralizado la ayuda. ¿Cómo
lograr una descentralización, la articulación de ésa y de
otras instancias nacionales con las instancias regionales?
Eso nunca lo hemos logrado y cuando teníamos todavía un
largo trecho por andar, llegó el huracán. El huracán nos
encontró tratando de articularnos. Y con discursos
diferentes. Pero yo tengo la confianza de que vamos a poder
avanzar. Porque la Ley de Autonomía se aprobó en 1987,
estando el Frente Sandinista en el gobierno. Yo confío en
que nos van a dejar hacer las cosas a nosotros, a quienes
nacimos, vivimos y luchamos en la región.
En estos momentos, lo más urgente es dejar de culparnos. Si
nos pusiéramos a buscar culpables de lo que pasó, ¡la lista
sería grande! Ahora, tenemos que usar toda nuestra energía
en la reconstrucción. Y eso es lo que estamos haciendo: las
energías las estamos usando para obtener informes reales,
para trabajar en propuestas que sean coherentes y para
ayudar a la gente a salir de esa sensación de vacío y de
pérdida que reina hoy en nuestras comunidades.
Nicaragua
“El huracán se llevó la
armonía entre la persona, su familia y la comunidad"
Alta Hooker, rectora de la Universidad de las Regiones
Autónomas de la Costa Caribe de Nicaragua (URACCAN), compartió
sus reflexiones sobre el pasado, el presente y el futuro del
Caribe Norte de Nicaragua, hoy devastado por el huracán Félix,
en una charla con Envío que transcribimos.
Alta Hooker
Vivo en Bilwi y cuando comenzaron a hablar de
que avanzaba por el Caribe un huracán peligroso, lo primero en
lo que pensé fue en el curso latinoamericano de maestría en
Salud Intercultural que teníamos en la Universidad . Había 23
latinoamericanos de 12 países en Bilwi. Además, teníamos 100
estudiantes en la escuela de liderazgo, muchachos y muchachas de
quince-diecisiete años. Me preocupé porque todos ellos y toda la
gente que estaba viviendo en los hoteles de Bilwi estuviera
segura y aseguré también las computadoras de la Universidad. Y
después me fui tranquila a mi casa. Mi casa es de cemento con un
techo de zinc recién puesto. No habría problema. No puse ni un
plástico sobre nada de lo que tenía en mi casa... No tenía por
qué preocuparme. Además, siempre decían que tal o cual huracán
iba a entrar por Bilwi, pero eso nunca pasaba. Pero esta vez sí
pasó…. Parte del techo de mi casa voló por los aires y eso
también ocurrió en la universidad, en los hoteles, por todos
lados.
Nadie estaba preparado para esta tragedia. También influyó la
falta de luz. El huracán ganó fuerza en muy pocas horas, bajó en
su ruta prevista y nadie tuvo información de esos cambios. En
Bilwi hay un problema crónico de falta de luz. En mi barrio
nunca hay luz. ¿Cómo estar pendiente de lo que iba a pasar? Todo
sucedió muy rápido. El coordinador de la sociedad civil de Bilwi
estaba esa noche en la casa de gobierno, en donde se estableció
el centro de la emergencia, y a las 4 de la mañana salió a
buscar unos formatos en los que introducir la información. El
huracán entró a tanta velocidad y con tanta fuerza que por poco
no regresa, casi le caen varios árboles encima y lo matan...
Todos fuimos sorprendidos y hoy todos estamos asustados por lo
que nos ha pasado.
Ya antes del huracán, históricamente, la Región Autónoma del
Atlántico Norte, que equivale en extensión a una cuarta parte
del territorio nacional, era altamente vulnerable. Y así nos
encontró Félix, que vino a demostrar, con mayor crudeza, nuestra
vulnerabilidad.
Los daños ocasionados por el huracán son incontables,
invaluables. La información del desastre nunca será exacta. A
finales de septiembre aún no estaban cuantificadas las pérdidas
ni aproximadamente. No teníamos cifras definitivas ni de los
muertos ni de las pérdidas materiales. Los vientos acabaron con
iglesias, con escuelas, con viviendas, con los árboles. El
huracán destruyó el bosque, los manglares, los arrecifes, mató
los pescados, las langostas...Y algo más grave: sacudió la
estructura del liderazgo comunitario, destruyendo el territorio,
que es donde los espíritus mantienen el equilibrio de la vida y
donde fluyen los pensamientos de los ancestros…
La producción está severamente afectada. Cuando llegamos, por
ejemplo, a Tuapí, la destrucción que vimos era increíble. Allí
las mujeres vivían de la venta de las frutas de sus árboles, de
la venta de la pesca y los mariscos que recogían en los Cayos
Mískitos. “Hoy yo no sé de qué vamos a vivir -nos dijo una
mujer-, todos nuestros árboles frutales están en el suelo
-después de cuatro días no los habían tocado- y muchos pescados
han muerto envenenados. Tampoco vamos a poder producir en esta
tierra, porque también la tierra está envenenada”.
¿De dónde ese veneno? Es que los manglares fueron destruidos y
arrojados al mar. Y como en los manglares siempre hay químicos
naturales, al cabo de varios días esas sustancias envenenaron el
hábitat de muchos peces. También el lodo de los ríos quedó
envenenado. El huracán trajo también mucha sal a la tierra y eso
envenenó la tierra, la hace improductiva. Todo lo que se haga
para des-envenenar el agua, para drenar la tierra salada, debe
hacerse con el liderazgo de la comunidad. La gente tiene que
participar en el proceso de des-envenenamiento del agua y de la
tierra.
En los Cayos Mískitos el desastre es tremendo. Los arrecifes en
donde viven y comen los pescados más chiquitos, los que después
se comen los pescados más grandes, están totalmente destruidos.
El hábitat de los pescados y de las langostas quedó arrasado. El
hábitat de pájaros y animales también. Los animales están, como
nosotros, desconcertados. Hay, además, un grave problema con
tanta cantidad de árboles caídos. Esa madera y esas hojas se van
a secar y pueden comenzar las quemas y entonces será un
desastre. En esta situación tan precaria, tendrá que llegar a
las comunidades todo tipo de alimentos, porque ni la tierra ni
el agua podrán darnos de comer durante mucho tiempo.
Es notable el dolor por los árboles caídos. Uno de los dolores
mayores en este momento, para las personas más viejas, es haber
perdido sus árboles frutales. Se les cayó la casa, pero lo que
más les duele en el fondo del alma es que se les cayeron sus
árboles…”Mire este árbol, lo sembró mi abuela… ¿Se acuerda de mi
abuela?” Y con el árbol caído va toda la historia de la abuela
que sembró aquel árbol. Como si los ya muertos volvieran a
morir. El dolor por los árboles es también el luto por quienes
ya no están en la comunidad…
Antes del huracán siempre hemos planteado, desde los pueblos
costeños, que el desarrollo se vea, se diseñe y se enfoque desde
la cultura. Desde la salud. ¿Y qué es salud? Salud es bienestar.
Y si salud es bienestar, salud es vivienda, es producción, es
aprendizaje, es intercambio, es la convivencia con la
biodiversidad. Ahora debemos hacer realidad esta visión. El
desarrollo, el bienestar de la Costa Caribe debe ser concertado
con los pueblos costeños. Eso es lo que está contemplado y
establecido en la Ley de Autonomía.
Los pueblos indígenas no hablan de la biodiversidad. Hablan
desde la biodiversidad. El pueblo sumu-mayangna que vive en
Bosawás tiene sus propias normas y regulaciones para mantener el
bosque, los árboles, los pájaros, los animales…Tienen normas
como ésta: si alguien caza demasiados animales se enferma porque
rompe el equilibrio de los espíritus que controlan el agua, los
mares, el bosque, el aire, la siembra. Para los pueblos
indígenas, la biodiversidad es la articulación de todos los
espíritus de la vida, que la reproducen y la conservan para que
la comunidad de hombres, mujeres, niños y niñas puedan vivir de
la vida sin destruirla.
Si ésa es nuestra cosmovisión, el huracán Félix destruyó mucho
más de lo que vemos en las fotografías. Destruyó las
comunidades, que son los espacios en donde conviven todas las
formas de la vida El huracán destruyó el espacio en donde vamos
a la escuela de la vida, que es la comunidad, en donde
intercambiamos con los ancianos, en un intercambio que es oral,
no escrito. El huracán destruyó iglesias, que son los espacios
donde líderes indígenas y comunitarios se ponen de acuerdo.
Destruyó escuelas, que son los espacios en donde intercambiamos
el conocimiento. Destruyó los ríos, que son los espacios que nos
dan alimento y bienestar. Todos esos espacios, controlados por
los líderes de la comunidad -el wihta, el juez, la partera, el
sukia, que son quienes dirigen los territorios- han sido
destruidos. El huracán destruyó el equilibrio y la armonía que
había entre
la persona, su familia y la comunidad. El gran reto que hoy
tenemos para la reconstrucción es restaurar ese equilibrio, esa
armonía.
Al destruirse ese equilibrio, existe hoy entre nosotros la
sensación de que las normas de la comunidad para el manejo de la
biodiversidad no se condujeron bien y entonces los espíritus se
enojaron y reaccionaron con tanta destrucción. Hay que volver a
conseguir el equilibrio, hay que volver a buscar esa armonía. Y
tenemos este reto en un momento en el que todos estamos de luto.
Todos estamos llorando, todos estamos tristes. Muy tristes
porque hay gente a la que todavía no hemos podido encontrar.
Cuando vamos a las comunidades y hablamos con el liderazgo,
todos dicen: “Ya sabemos cuántos muertos tenemos, pero no
sabemos aún dónde están seis, no hemos podido encontrar a seis…”
Y los siguen buscando. Y así por todas partes. Es una situación
nueva, a la que el liderazgo comunitario no está acostumbrado.
Reconstruir el equilibrio y la armonía no es fácil. Hay que
partir de valores, de cómo reproducimos nuestra visión del
mundo. Por eso, desde hace tiempo en las universidades de la
Costa hemos venido preparando a nuestros propios profesores en
educación intercultural bilingüe. Las poblaciones negras y las
poblaciones indígenas tenemos que sentirnos orgullosas de lo que
somos. Somos diferentes, hablamos diferente, nos organizamos
diferente y tenemos que sentirnos orgullosos de esas
diferencias. Pero para sentirnos orgullosos debemos partir de lo
que aprendemos. Ahora, en esta emergencia, es el momento de
aplicar todo lo aprendido.
¿Quiénes nos ayudarán a buscar el equilibrio perdido? En primer
lugar, los médicos tradicionales. ¿Quiénes son los que han
logrado devolver la armonía a la comunidad en el caso de la
enfermedad del Grisis Signi, que es una enfermedad espiritual?
No han sido los sicólogos, han sido los médicos tradicionales
-el sukia, el curandero, el spirit man, el buyei- porque son los
que saben trabajar con los espíritus. Con cierta frecuencia, los
medios nacionales han informado sobre el Grisis Signi, una
enfermedad que aparece en las comunidades del Río Coco. Para la
medicina occidental se trata de una histeria colectiva. Pero
para los médicos tradicionales del Caribe es una dolencia que
afecta a las personas cuando pierden el equilibrio con su medio
ambiente. El Ministerio de Salud de Managua nos ha mandado sus
médicos a la comunidad en donde aparece esta enfermedad, pero no
pueden curarla ni resolver el problema que la causa. Los médicos
tradicionales son los únicos que saben qué hacer ante esta
enfermedad. Ellos son los que en este momento están llamados a
sanarnos, a buscar el equilibrio necesario para devolvernos la
armonía entre la persona, la familia y la comunidad. Pero su
desafío es mayor ahora que nunca, porque ellos mismos también
están sufriendo, también ellos perdieron familiares.
La organización comunitaria ha identificado ya 32 afectaciones
posibles en esta etapa de crisis. Una de ellas, el Isingni, la
enfermedad que alguien experimenta cuando un familiar o una
persona cercana muere, pero su espíritu no halla paz, no
encuentra cómo descansar, por haber sufrido una muerte
traumática. Es de esperar que en las comunidades se presenten
muchos casos de Isingni, también del Grisis Signi y otras
dolencias parecidas -las que tienen que ver con traumas
espirituales- porque la armonía de la vida, la normalidad de la
vida, se destruyó.
Y ojo: la medicina tradicional no es sólo conocer y emplear las
plantas medicinales. Ya hemos aprendido que no basta estudiar
las plantas y sus propiedades medicinales, que no basta saber
para qué sirve tal o cual planta, qué cura tal o cual planta. La
medicina tradicional va mucho más allá que eso: es la manera
cómo se corta el árbol, es la manera como se prepara el
medicamento, es también el ritual con que se aplica la
medicina... Acompañando a los médicos tradicionales hemos
entendido que para que las plantas sanen deben ir acompañadas de
prácticas tradicionales, de rituales.
Ante la emergencia, hemos comenzado ya a trabajar en manuales
para la sanación espiritual. Mantenemos un intercambio con los
médicos tradicionales para, de manera conjunta, interpretar esta
catástrofe, para que la gente no la entienda como un castigo por
alguna falta, por algún pecado. Porque hay una sensación de que
pasó lo que pasó porque la gente no cumplía con las normas
morales y hay pastores en las radios acusando a la gente,
culpándola, afirmando que el huracán llegó porque no llevaban
una buena vida.
La iglesia morava juega un papel muy importante en las
comunidades y en toda la región. Fueron los pastores de la
iglesia morava quienes históricamente nos enseñaron las normas
de una buena vida, de una vida moral. Los pastores siempre
forman parte del liderazgo de la comunidad. En cualquier
comunidad, cuando se juntan para intercambiar, allí está el
pastor, que influye mucho en la vida de cada persona y en la
vida de la comunidad. Hay también en la Costa un Consejo
Ecuménico, en el que participa la jerarquía de las iglesias. Las
autoridades regionales y nacionales se reúnen con el Consejo. A
mitad de septiembre hubo un culto en el parque grande de Bilwi,
en el que participaron los católicos y los moravos. Uno de los
desafíos más grandes que tenemos en este momento es cómo no
buscar culpables y como organizarnos mejor para que lo que nos
pasó no nos vuelva a pasar y para reconstruir juntos.
Desde el primer momento hemos visto una solidaridad y una
hermandad enormes. Nunca habíamos conocido una movilización a
favor de la Costa Caribe tan grande como la que estamos viendo,
desde todos los departamentos de Nicaragua, desde la sociedad
civil, desde las universidades, desde las organizaciones
nacionales e internacionales. Todo el mundo queriendo ayudar.
Sentimos que realmente estamos siendo acompañados.
Quisiéramos que toda la ayuda fuera concertada con los costeños
y orientada a un desarrollo con identidad. Y eso significa
diálogo, concertación, ponernos de acuerdo y cumplir cada quien
con la parte que le corresponde. Y digo esto, porque hemos visto
llegar algunas brigadas de ayuda a las comunidades, sin ningún
conocimiento de la cosmovisión y de las maneras de ver el mundo
que tienen nuestros pueblos. Brigadas de sicólogos, brigadas que
llegan directamente a una comunidad y empiezan a decidir. Pero,
cuando alguien viene a visitarnos a nuestra casa, ¿no nos avisa
antes? ¿Puedo ir a tu casa, vas a estar allí? ¿Por qué a una
comunidad indígena se llega y se entra sin antes preguntar?
Brigadas que llegan a decirnos qué es lo mejor para nosotros.
Esto es muy traumático. Especialmente ahora, porque nos
encuentran sumamente frágiles. Brigadas que llegaron diciendo:
Venimos a trabajar con los niños.¿Por qué con los niños? Dijeron
que los niños son su prioridad. ¿Y nadie pensó en trabajar con
el liderazgo comunitario, que es el que está penando y es el que
tiene que dirigir el territorio, especialmente ahora, cuando
están tan desconcertado?
Un desarrollo desde la cultura debe priorizar al liderazgo
comunitario, ayudarlo para que vuelva a ponerse de pie y
comience a tomar las mejores decisiones en la comunidad.
Llegaron otros, también para trabajar con los niños y con “el
carrusel”. Pero, ¿cuándo los niños han visto eso? Pensamos que
si se va a trabajar con los niños de la comunidad, especialmente
en este momento, hay que mantenerlos cerca de las cosas que
conocen, con palabras que conocen, en su idioma, con su manera
de organizarse, con las maneras de la comunidad en donde han
vivido.
No queremos asistencialismo. Queremos que no hagan las cosas por
nosotros, que las hagan con nosotros. Queremos ponernos de
acuerdo y hacerlo juntos, que nos acompañen a facilitar
procesos. Antes del huracán ya estábamos acostumbrados a que
llegara gente a las comunidades diciéndonos: Construyan así las
casas, hagan letrinas, hagan pozos… Cuántas letrinas había en
las comunidades y no se usaban. ¿Pozos? No se usan. ¡Es otra
cultura! ¿Por qué trabajar con los niños si los que están
sufriendo más y los que tienen que dirigir son los más viejos?
¿Por qué no volver a ver a los viejos? ¿Porque ahora la moda de
las agencias es priorizar a los niños?
La Costa Caribe Norte fue uno de los territorios en donde más
sufrimos los efectos de la guerra de los años 80, pero nunca
tuvimos la oportunidad de tener ningún tipo de tratamiento
sicológico que no fueran los del conocimiento tradicional. Los
médicos tradicionales nos han ayudado a sanar de la guerra. Y
también, de una manera o de otra, hemos venido sanando solos.
Porque hemos tenido que trabajar juntos quienes fuimos enemigos
durante la guerra. Yo fui concejal durante ocho años en el
primer Consejo Regional. Y allí, a las sesiones del Consejo,
llegábamos los yátamas y los sandinistas armados. Nos tomó dos
años entender que no éramos enemigos, que estábamos allí para
ver cómo resolvíamos juntos la situación de nuestra región. Hace
poco hicimos una investigación en el río Coco para ver el estado
mental de la población de niños y jóvenes. Y resultó
sorprendente: esos niños, que no habían nacido cuando había
guerra, dibujan aún tanquetas y armas y soldados. ¡Dibujan el
traslado de sus comunidades a Tasba Pri, y ellos no habían
nacido cuando eso ocurrió! Realmente, nunca nos recuperamos de
una guerra.
Antes del huracán había muchos sueños y muchas aspiraciones en
la Costa Caribe. Sueños de tener una región en donde el
desarrollo se pueda ver desde la identidad. Un desarrollo donde
los pueblos indígenas y los pueblos negros puedan identificar su
manera de ver y entender el desarrollo. Y eso quiere decir que
puedan vivir según planes construidos con la gente, desde la
gente y con nosotros participando en el desarrollo que nos
parece mejor para nosotros. Por eso, nuestro planteamiento ahora
es ver la emergencia provocada por el huracán como una
oportunidad. Nuestro planteamiento es reconstruir desde un
enfoque intercultural. Algo hemos podido hacer. De la
organización Los Pipitos, por ejemplo, llegaron por tierra con
vehículo y con materiales, con ayuda. Logramos hablar con ellos
y hacer un intercambio sobre la cosmovisión, sobre la
espiritualidad de las comunidades y después conformamos equipos
conjuntos, con los expertos de Los Pipitos, con personal de
salud intercultural y con nuestras enfermeras de salud mental,
todos indígenas de la región, partiendo de la cosmovisión con la
que vemos el mundo. Juntos diseñamos cómo sería nuestra entrada
a las comunidades.
Es necesaria la intervención de brigadas interculturales con la
comunidad y desde la comunidad. Esto nos permitirá convertir la
crisis en una oportunidad y aprovechar la solidaridad y
hermandad que ya se ha dado y que se continuará dando, para ir
más allá, para difundir conjuntamente cómo queremos llegar al
desarrollo manteniendo cada pueblo su identidad. Mientras las
comunidades reciben alimentos -los alimentos que no podrán
producir durante mucho tiempo- esas brigadas conjuntas deben
buscar cómo des-envenenar la tierra, cómo des-envenenar el agua
para que la gente, y también los animales, puedan pronto, tomar
agua limpia.
El huracán, una de las mayores tragedias que hemos vivido, llegó
a nuestra región cuando tenemos un nuevo gobierno nacional y
cuando en ese nuevo gobierno del Frente Sandinista participan,
por primera vez, muchos compañeros y compañeras de la Costa
Caribe en cargos muy altos: en el MARENA, en Salud, en
Educación, en la Cancillería, en la Intendencia de la
Propiedad... En cargos altos del gobierno nacional tenemos hoy a
siete compañeros y compañeras. Además, tenemos diputados
caribeños en el Parlacen y diputados nacionales y regionales en
la Asamblea Nacional. En conjunto, tenemos en el Ejecutivo y en
el Legislativo unos 25 compañeros y compañeras. Todos ellos
conforman el Consejo Asesor de la Costa Caribe. De ellos y
ellas, esperamos que asuman una administración nacional más
participativa con la Costa.
Pero la Ley de Autonomía establece claramente quiénes son las
autoridades en la Región: los Consejos Regionales, los Consejos
Municipales y también las autoridades comunitarias. El gobierno
nacional, el gobierno de Managua, siempre ha tenido una
instancia nacional para controlar la Costa Caribe, para decidir
por nosotros…sin nosotros. Yo no quisiera ver al nuevo Consejo
asesor de la Costa Caribe haciendo esto. Quisiera verlos como lo
que son: asesores. Porque nuestras autoridades son las que hemos
elegido, las que están en el territorio. Y los que están en
Managua deben coordinarse con los que están en el territorio.
Ése debe ser el espíritu. Si los compañeros y compañeras que
están en Managua no logran una buena articulación con las
autoridades regionales, con la sociedad civil costeña, con el
liderazgo comunitario, será mucho el tiempo perdido en medio de
esta emergencia.
Como unas dos semanas antes del huracán llegaron de Managua con
una propuesta de planificación estratégica y comenzaron a
conformar comisiones de trabajo. Mi aspiración es que en esas
comisiones de trabajo podamos despedazar ese plan y volver a
construirlo partiendo de nuestras aspiraciones. Ahora, en esta
emergencia, la coordinación y nuestra participación en la toma
de decisiones, son aún más urgentes.
Hemos avanzado algo, pero nos falta mucho. Ya tenemos nuestros
propios profesionales, preparados en la región. Ayer me reuní
con el equipo técnico que está apoyando en la Casa de gobierno:
“Miren, hermanos y hermanas, ésta es la prueba de fuego de
URACCAN, ésta es nuestra prueba de fuego, llevamos trece años
preparándonos desde la cosmovisión. Todo nuestro discurso parte
de la cultura, ahora es cuando, ahora es la hora de ir y poner
todo eso en los planes”. Y ya sabemos que “poner todo eso” en
los planes significa pleito. Pleitos, pleitos. Discutir y
discutir hasta lograr introducir nuestro punto de vista en el
plan. Y si lo introducimos, ¿significa que va a funcionar? No.
Significa que no lo podemos soltar, significa continuar y
continuar y estar ahí, estar en las comunidades, significa
luchar.
Estamos acostumbrados históricamente a los pleitos, eso no nos
asusta. En la Costa estamos acostumbrados a pelearnos entre
nosotros, los mískitos, los negros, los sumus-mayangnas, los
mestizos, porque tenemos diferentes maneras de ver las cosas.
Porque ésa fue nuestra historia. ¿Qué es lo que nos junta? Que
alguien del Pacífico nos ataque. Cuando llegó el diputado
liberal Enrique Quiñónez a la Costa y ofendió a nuestras
autoridades regionales, acusándolas de irregularidades y
diciendo que desde Managua harían una comisión investigadora,
eso nos molestó a todos, a todos nos juntó, y todos estamos
enojados con él. Porque ésas son nuestras autoridades, las
pusimos nosotros y merecen respeto. Con cosas así es cuando nos
unimos, cuando nos juntamos todos.
Yo creo que la Costa Pacífica de Nicaragua necesita un diálogo
franco con nosotros. Tenemos que encontrarnos para podernos dar
la mano con respeto. Pero falta mucho para lograrlo. Sólo un
ejemplo: los abogados preparados en las universidades del
Pacífico no estudian la Ley de Autonomía. ¡Y esa Ley cubre el
52% del territorio nacional! La Constitución Política de
Nicaragua empieza diciendo que Nicaragua es un país multiétnico,
multilingüe y pluricultural. Si la Constitución dice eso, todo
el gobierno tendría que estar organizado para que eso sea verdad
y para que todos podamos alcanzar. Pero, ¿funciona así? No.
Seguiremos peleando para hacernos visibles.
A como está organizado el gobierno, cuesta que nosotros podamos
hacer un buen control de nuestro liderazgo. En esta emergencia,
las decisiones las está tomando un grupito. Pero nosotros hemos
dicho: Vivimos aquí y nadie nos puede sacar. Nos metimos como
sociedad civil a participar ¿y quién nos va a sacar?
El partido indígena Yátama está ahora ante un gran desafío, en
un contexto nuevo, por su alianza con el Frente Sandinista, que
ahora es gobierno. La alianza Yátama-Frente Sandinista es un
reto para ambos partidos. Porque en la Costa no todo el mundo es
Yátama ni todo el mundo es sandinista y hay diferentes
ideologías en la población. Por eso hay que tener un gran
cuidado para evitar que politicen la ayuda. Y un gran cuidado
para que los partidos no diluyan nuestra identidad ni nos
aparten de los sueños que tenemos.
Nosotros creemos que toda la ayuda debe coordinarse con las
autoridades regionales. El SINAPRED, que está conformado por
instancias nacionales, ha centralizado la ayuda. ¿Cómo lograr
una descentralización, la articulación de ésa y de otras
instancias nacionales con las instancias regionales? Eso nunca
lo hemos logrado y cuando teníamos todavía un largo trecho por
andar, llegó el huracán. El huracán nos encontró tratando de
articularnos. Y con discursos diferentes. Pero yo tengo la
confianza de que vamos a poder avanzar. Porque la Ley de
Autonomía se aprobó en 1987, estando el Frente Sandinista en el
gobierno. Yo confío en que nos van a dejar hacer las cosas a
nosotros, a quienes nacimos, vivimos y luchamos en la región.
En estos momentos, lo más urgente es dejar de culparnos. Si nos
pusiéramos a buscar culpables de lo que pasó, ¡la lista sería
grande! Ahora, tenemos que usar toda nuestra energía en la
reconstrucción. Y eso es lo que estamos haciendo: las energías
las estamos usando para obtener informes reales, para trabajar
en propuestas que sean coherentes y para ayudar a la gente a
salir de esa sensación de vacío y de pérdida que reina hoy en
nuestras comunidades.
-----Sigue texto en el mensaje-----
ESTADO DE DESASTRE NACIONAL. Nicaragua
vive un segundo «Mitch» y vienen más lluvias
Fecha: octubre 20, 2007
El presidente Daniel Ortega declaró este viernes "estado
de desastre nacional" ante los graves daños humanos y
materiales provocados por tres fenómenos metereológicos,
a efectos de concentrar todos los recursos públicos en
la atención de la emergencia.
"Estamos realmente frente a una situación de emergencia
nacional (...) se trata de que nos unamos para enfrentar
la situación", dijo Ortega durante una reunión con el
equipo de gobierno que conforma el Comité Nacional de
Emergencia.
Mientras tanto, continuaban las lluvias en gran parte
del país, incluida la capital. Un reporte del Instituto
Nicaragüense de Estudios Territoriales pronostica que la
onda tropical número 37, localizada entre Puerto Rico y
Venezuela, podría llegar a Nicaragua entre el domingo y
el lunes próximos.
El 16 de octubre de 1998, Nicaragua comenzó a vivir una
de sus peores tragedias naturales, cuando por diez días
consecutivos el Huracán Mitch, estacionado en el golfo
de Honduras, descargó 130 milímetros de agua por día,
dejando pérdidas materiales arriba de los 1,500 millones
de dólares y más de 2 mil muertos.
El Director del Sistema Nacional de Prevención y
Mitigación de Desastres (SINAPRED), Ramón Arnesto Soza
dijo que Nicaragua vive una situación dramática igual a
la de hace 9 años, porque las lluvias de las últimas dos
semanas, han dejado caer un promedio de 162 milímetros
de agua por día, peor que el Mitch, y eso es lo que
tiene anegado el Departamento de Chinandega, que
precisamente fue uno de los mayormente afectados en
1998.
Del seis al 14 de octubre cayeron en Chinandega y León
600 milímetros de agua, y durante el huracán Mitch, en
1998, cayeron 130 milímetros, agregó Soza.
"Estamos en un período muy crítico y peligroso y hay que
tomar una serie de previsiones", sostuvo, agregando que
se precisa tomar medidas más rígidas en cuanto a la
administración del desastre y eso va a demandar una
declaratoria de desastre nacional.
Soza aseguró que debido a la llegada de la Onda Tropical
No. 37 y un eje de vaguada, las afectaciones van a
crecer y están conscientes de ellos.
"Los suelos están sobresaturados. Existe el gran
problema de que con poca cantidad que siga de las
precipitaciones, indudablemente que estamos expuestos a
que se vuelva a inundar y a que también estemos en el
riesgo de que esas masas de tierra que están en las
laderas más inclinadas, más altas, se deslaven", alertó.
Profundizó en que los riesgos son altos y por eso van a
seguir activados los albergues, porque el país vive un
estado excepcional en términos económicos y sociales.
Las cifras del desastre
De acuerdo con el jefe de la Defensa Civil, coronel
Mario Pérez-Cassar, a la devastación causada por el
huracán Félix en la Región Autónoma del Atlántico Norte
siguieron las inundaciones provocadas por las lluvias
sobre extensas zonas del occidente del país.
El huracán arrasó con 351 comunidades indígenas del
norcaribe del país, dejando 102 muertos, 133
desaparecidos y cuantiosos daños materiales en 34.000
kilómetros cuadrados de territorio.
Pérez-Cassar reveló que cuatro áreas protegidas, entre
ellas el Parque Saslaya y los Cayos Miskitos, han sido
devastadas; y las 680 mil hectáreas de bosques de pino
destruidas, podrían causar en la estación seca, sobre
todo entre marzo y mayo, incendios imposibles de apagar,
puesto que el pino es un árbol equivalente al
combustible.
Además, también han sido severamente dañadas las cuencas
hidrográficas de los ríos Coco, Wawa, Grande de
Matagalpa, Kukalaya y Prinzapolka. "Esto significa que
habrá un incremento del 74% de emisión de dióxido de
carbono", aseguró Perez-Cassar.
A ello se sumó luego una larga jornada de lluvias, que
aún persiste, en las zonas norte, noroccidental y
central del país, con un saldo preliminar de nueve
muertos y más de 20.000 damnificados en 138 localidades,
así como cuantiosos daños en la infraestructura vial.
A 47 días de iniciada la emergencia, suman oficialmente
en toda Nicaragua 109 muertos, 133 desaparecidos (a
quienes, según dijo Ortega, "ya tendríamos que dar por
muertos", lo que elevaría a 245 la cifra de fallecidos)
y 216 mil personas damnificadas (37.287 familias),
afirmó el militar, quien agregó que hay más de 22 mil
viviendas afectadas, y tres mil kilómetros de viales
destruidos.
Las lluvias afectaron 537 localidades en 46 de los 153
municipios del país, y destruyeron de forma total o
parcial 22.000 viviendas, 150 escuelas e iglesias, nueve
puentes y 3.000 kilómetros de caminos, de éstos 1.410 en
zonas productivas, dijo Pérez-Cassar.
Además se contabilizan daños en 680.000 hectáreas de
bosques y 100.000 hectáreas de cultivos diversos, y se
perdieron 45.000 cabezas de ganado de todo tipo, agregó.
Tanto Pérez-Cassar como el secretario ejecutivo del
Sistema Nacional de Atención, Prevención y Mitigación de
Desastres, Ramón Arnesto Soza, dijeron a Ortega que la
gravedad de la situación amerita la declaración del
estado de desastre.
Ortega firmó el decreto tras recibir el detallado
informe.
Decreto íntegro
El decreto fue leído por la Coordinadora de Comunicación
y Ciudadanía, Rosario Murillo, en la sede de la
secretaría general del Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN), que sirve de Casa de Gobierno.
El decreto destaca que en los meses de septiembre y
octubre se han presentado tres sistemas meteorológicos
de gran intensidad como el huracán Félix, que azotó el
Caribe Norte de Nicaragua.
También se han producido intensas lluvias asociadas a
bajas presiones y actualmente un eje de vaguada que
afecta el occidente y centro norte de Nicaragua, que ha
provocado inundaciones en todo el país.
Anteriormente, el gobierno declaró estado de desastre el
Caribe Norte por el paso del huracán "Félix" y alerta
verde en nueve departamentos (provincias) del país y
alertas amarilla y roja para los 13 municipios de
Chinandega, provincia fronteriza con Honduras.
El mandatario aclaró que se decretaba el estado de
desastre y no de emergencia nacional, porque este último
implica la suspensión de las garantías constitucionales.
Estamos más bien abocándonos con el pueblo mismo para
enfrentar esta situación, y que lleguemos a diciembre en
mejores condiciones, dijo Ortega.
"No queremos limitar ningún derecho a ningún ciudadano.
Se trata de comprometernos a trabajar con la mayor
disciplina y dedicación para superar esta situación tan
compleja y que luego vayamos encontrando la mejor manera
de encaminarnos en la lucha contra la pobreza", apuntó
Ortega.
Agregó que habrá que recurrir de nuevo a la solidaridad
internacional porque el recién elaborado presupuesto de
la nación estaría en crisis y "ya no se adecua a la
situación del país".
El "estado de desastre nacional" autoriza legalmente al
Ejecutivo a gestionar recursos externos y a dirigir
planes especiales de rehabilitación, priorizando la
labor de ciertas entidades públicas.
La medida manda a los ministerios y entes
descentralizados del Estado efectuar inmediatamente
programas de asistencia en todo el territorio nacional a
favor de los afectados por estos fenómenos climáticos,
según el decreto leído por la Secretaria de Comunicación
y Ciudadanía, Rosario Murillo.
El decreto de hoy dictamina que los ministerios y entes
descentralizados en el área de su competencia deben de
emprender de forma inmediata programas en todo el país
que ayuden a remediar la calamidad causada por los
fenómenos meteorológicos.
Los ministerios, con el apoyo del Instituto Nicaragüense
de Estudios Territoriales (Ineter) y el Instituto de la
Vivienda Urbana y Rural y otras instituciones y el apoyo
de la comunidad internacional pondrán en práctica
programas para la rehabilitación y reconstrucción de los
daños ocurridos en todo el país, sostiene el documento.
Asimismo ordena a los entes estatales a disponer de
fondos propios y de la cooperación internacional para
rehabilitar redes de agua, energía, alcantarillado y
vivienda.
Los centros de albergue en todo el territorio se
mantendrán para atender a los afectados, así como las
tareas de búsqueda y rescate en sitios bajo emergencia,
indica el comunicado.
A la reunión asistió una misión venezolana que llegó
este viernes a Managua encabezada por el canciller
Nicolás Maduro e integrada por varios ministros del
gobierno de Hugo Chávez.
El canciller venezolano, Nicolás Maduro, repitió las
palabras del mandatario Hugo Chávez, quien el jueves se
comunicó telefónicamente con Ortega y le ofreció apoyo,
especialmente en equipos de construcción de caminos y
viviendas.
Ortega dijo que las pérdidas materiales "son
incalculables y millonarias, pero lo primero es seguir
enfrentando la emergencia que continúa, pues estamos en
la parte final, pero más dura de la época lluviosa en
esta zona", explicó.
Maduro le respondió que "somos hermanos en una sola
patria y lo que les pasa a ustedes nos duele igual a
nosotros y por ello vamos a trabajar hombro a hombro con
los nicaragüenses para buscar a salir adelante".
ESTADO DE DESASTRE NACIONAL. Nicaragua vive
un segundo «Mitch» y vienen más lluvias
Fecha: octubre 20, 2007
El presidente Daniel Ortega declaró este viernes "estado de
desastre nacional" ante los graves daños humanos y
materiales provocados por tres fenómenos metereológicos, a
efectos de concentrar todos los recursos públicos en la
atención de la emergencia.
"Estamos realmente frente a una situación de emergencia
nacional (...) se trata de que nos unamos para enfrentar la
situación", dijo Ortega durante una reunión con el equipo de
gobierno que conforma el Comité Nacional de Emergencia.
Mientras tanto, continuaban las lluvias en gran parte del
país, incluida la capital. Un reporte del Instituto
Nicaragüense de Estudios Territoriales pronostica que la
onda tropical número 37, localizada entre Puerto Rico y
Venezuela, podría llegar a Nicaragua entre el domingo y el
lunes próximos.
El 16 de octubre de 1998, Nicaragua comenzó a vivir una de
sus peores tragedias naturales, cuando por diez días
consecutivos el Huracán Mitch, estacionado en el golfo de
Honduras, descargó 130 milímetros de agua por día, dejando
pérdidas materiales arriba de los 1,500 millones de dólares
y más de 2 mil muertos.
El Director del Sistema Nacional de Prevención y Mitigación
de Desastres (SINAPRED), Ramón Arnesto Soza dijo que
Nicaragua vive una situación dramática igual a la de hace 9
años, porque las lluvias de las últimas dos semanas, han
dejado caer un promedio de 162 milímetros de agua por día,
peor que el Mitch, y eso es lo que tiene anegado el
Departamento de Chinandega, que precisamente fue uno de los
mayormente afectados en 1998.
Del seis al 14 de octubre cayeron en Chinandega y León 600
milímetros de agua, y durante el huracán Mitch, en 1998,
cayeron 130 milímetros, agregó Soza.
"Estamos en un período muy crítico y peligroso y hay que
tomar una serie de previsiones", sostuvo, agregando que se
precisa tomar medidas más rígidas en cuanto a la
administración del desastre y eso va a demandar una
declaratoria de desastre nacional.
Soza aseguró que debido a la llegada de la Onda Tropical No.
37 y un eje de vaguada, las afectaciones van a crecer y
están conscientes de ellos.
"Los suelos están sobresaturados. Existe el gran problema de
que con poca cantidad que siga de las precipitaciones,
indudablemente que estamos expuestos a que se vuelva a
inundar y a que también estemos en el riesgo de que esas
masas de tierra que están en las laderas más inclinadas, más
altas, se deslaven", alertó.
Profundizó en que los riesgos son altos y por eso van a
seguir activados los albergues, porque el país vive un
estado excepcional en términos económicos y sociales.
Las cifras del desastre
De acuerdo con el jefe de la Defensa Civil, coronel Mario
Pérez-Cassar, a la devastación causada por el huracán Félix
en la Región Autónoma del Atlántico Norte siguieron las
inundaciones provocadas por las lluvias sobre extensas zonas
del occidente del país.
El huracán arrasó con 351 comunidades indígenas del
norcaribe del país, dejando 102 muertos, 133 desaparecidos y
cuantiosos daños materiales en 34.000 kilómetros cuadrados
de territorio.
Pérez-Cassar reveló que cuatro áreas protegidas, entre ellas
el Parque Saslaya y los Cayos Miskitos, han sido devastadas;
y las 680 mil hectáreas de bosques de pino destruidas,
podrían causar en la estación seca, sobre todo entre marzo y
mayo, incendios imposibles de apagar, puesto que el pino es
un árbol equivalente al combustible.
Además, también han sido severamente dañadas las cuencas
hidrográficas de los ríos Coco, Wawa, Grande de Matagalpa,
Kukalaya y Prinzapolka. "Esto significa que habrá un
incremento del 74% de emisión de dióxido de carbono",
aseguró Perez-Cassar.
A ello se sumó luego una larga jornada de lluvias, que aún
persiste, en las zonas norte, noroccidental y central del
país, con un saldo preliminar de nueve muertos y más de
20.000 damnificados en 138 localidades, así como cuantiosos
daños en la infraestructura vial.
A 47 días de iniciada la emergencia, suman oficialmente en
toda Nicaragua 109 muertos, 133 desaparecidos (a quienes,
según dijo Ortega, "ya tendríamos que dar por muertos", lo
que elevaría a 245 la cifra de fallecidos) y 216 mil
personas damnificadas (37.287 familias), afirmó el militar,
quien agregó que hay más de 22 mil viviendas afectadas, y
tres mil kilómetros de viales destruidos.
Las lluvias afectaron 537 localidades en 46 de los 153
municipios del país, y destruyeron de forma total o parcial
22.000 viviendas, 150 escuelas e iglesias, nueve puentes y
3.000 kilómetros de caminos, de éstos 1.410 en zonas
productivas, dijo Pérez-Cassar.
Además se contabilizan daños en 680.000 hectáreas de bosques
y 100.000 hectáreas de cultivos diversos, y se perdieron
45.000 cabezas de ganado de todo tipo, agregó.
Tanto Pérez-Cassar como el secretario ejecutivo del Sistema
Nacional de Atención, Prevención y Mitigación de Desastres,
Ramón Arnesto Soza, dijeron a Ortega que la gravedad de la
situación amerita la declaración del estado de desastre.
Ortega firmó el decreto tras recibir el detallado informe.
Decreto íntegro
El decreto fue leído por la Coordinadora de Comunicación y
Ciudadanía, Rosario Murillo, en la sede de la secretaría
general del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN),
que sirve de Casa de Gobierno.
El decreto destaca que en los meses de septiembre y octubre
se han presentado tres sistemas meteorológicos de gran
intensidad como el huracán Félix, que azotó el Caribe Norte
de Nicaragua.
También se han producido intensas lluvias asociadas a bajas
presiones y actualmente un eje de vaguada que afecta el
occidente y centro norte de Nicaragua, que ha provocado
inundaciones en todo el país.
Anteriormente, el gobierno declaró estado de desastre el
Caribe Norte por el paso del huracán "Félix" y alerta verde
en nueve departamentos (provincias) del país y alertas
amarilla y roja para los 13 municipios de Chinandega,
provincia fronteriza con Honduras.
El mandatario aclaró que se decretaba el estado de desastre
y no de emergencia nacional, porque este último implica la
suspensión de las garantías constitucionales. Estamos más
bien abocándonos con el pueblo mismo para enfrentar esta
situación, y que lleguemos a diciembre en mejores
condiciones, dijo Ortega.
"No queremos limitar ningún derecho a ningún ciudadano. Se
trata de comprometernos a trabajar con la mayor disciplina y
dedicación para superar esta situación tan compleja y que
luego vayamos encontrando la mejor manera de encaminarnos en
la lucha contra la pobreza", apuntó Ortega.
Agregó que habrá que recurrir de nuevo a la solidaridad
internacional porque el recién elaborado presupuesto de la
nación estaría en crisis y "ya no se adecua a la situación
del país".
El "estado de desastre nacional" autoriza legalmente al
Ejecutivo a gestionar recursos externos y a dirigir planes
especiales de rehabilitación, priorizando la labor de
ciertas entidades públicas.
La medida manda a los ministerios y entes descentralizados
del Estado efectuar inmediatamente programas de asistencia
en todo el territorio nacional a favor de los afectados por
estos fenómenos climáticos, según el decreto leído por la
Secretaria de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo.
El decreto de hoy dictamina que los ministerios y entes
descentralizados en el área de su competencia deben de
emprender de forma inmediata programas en todo el país que
ayuden a remediar la calamidad causada por los fenómenos
meteorológicos.
Los ministerios, con el apoyo del Instituto Nicaragüense de
Estudios Territoriales (Ineter) y el Instituto de la
Vivienda Urbana y Rural y otras instituciones y el apoyo de
la comunidad internacional pondrán en práctica programas
para la rehabilitación y reconstrucción de los daños
ocurridos en todo el país, sostiene el documento.
Asimismo ordena a los entes estatales a disponer de fondos
propios y de la cooperación internacional para rehabilitar
redes de agua, energía, alcantarillado y vivienda.
Los centros de albergue en todo el territorio se mantendrán
para atender a los afectados, así como las tareas de
búsqueda y rescate en sitios bajo emergencia, indica el
comunicado.
A la reunión asistió una misión venezolana que llegó este
viernes a Managua encabezada por el canciller Nicolás Maduro
e integrada por varios ministros del gobierno de Hugo
Chávez.
El canciller venezolano, Nicolás Maduro, repitió las
palabras del mandatario Hugo Chávez, quien el jueves se
comunicó telefónicamente con Ortega y le ofreció apoyo,
especialmente en equipos de construcción de caminos y
viviendas.
Ortega dijo que las pérdidas materiales "son incalculables y
millonarias, pero lo primero es seguir enfrentando la
emergencia que continúa, pues estamos en la parte final,
pero más dura de la época lluviosa en esta zona", explicó.
Maduro le respondió que "somos hermanos en una sola patria y
lo que les pasa a ustedes nos duele igual a nosotros y por
ello vamos a trabajar hombro a hombro con los nicaragüenses
para buscar a salir adelante".
|
|
|